Las hamburguesas veganas vuelven a estar en el punto de mira. El pasado 8 de septiembre de 2025, la comisión de Agricultura del Parlamento Europeo aprobó un enmienda que podría cambiar para siempre el mercado de los productos vegetales en Europa. Con 33 votos a favor, 10 en contra y 5 abstenciones, los eurodiputados respaldaron la propuesta de la francesa Céline Imart para reservar las denominaciones tradicionalmente asociadas a la carne exclusivamente a los productos de origen animal.
Pero desde UNIVEGAN y VEGANOK no estamos dispuestos a mirar hacia otro lado.
UNIVEGAN y VEGANOK en defensa de los consumidores europeos
UNIVEGAN, iniciativa sin ánimo de lucro impulsada por la Sociedad Benefit VEGANOK, representa a cientos de empresas italianas certificadas que exportan la excelencia del made in Italy en todo el mundo. Desde hace años trabajamos en Bruselas de la mano de SAFE (Safe Food Advocacy Europe), la organización europea de referencia en seguridad alimentaria y protección de los consumidores, para llevar las demandas de empresas y ciudadanos veganos directamente a las instituciones europeas.
Nuestro compromiso no es nuevo: UNIVEGAN ya presidió en Bruselas un grupo de trabajo sobre el significado jurídico del término “vegano”, contribuyendo a la creación del estándar europeo único, hoy referencia internacional, accesible en www.veganstandard.eu.
Hoy nos enfrentamos a un desafío aún mayor: garantizar el derecho de los consumidores a una información clara y transparente en el etiquetado de los alimentos.
La enmienda: un texto hecho a medida para las multinacionales cárnicas
La enmienda 645, incluida en la revisión del Reglamento de la Organización Común de Mercado, establece sin ambigüedades: “Los términos relativos a la carne contemplados en el artículo 17 del Reglamento (UE) n.º 1169/2001 y actualmente utilizados para designar carne y cortes de carne deben reservarse exclusivamente a las partes comestibles de los animales”.
El texto menciona expresamente palabras como “bistec”, “escalope”, “salchicha”, “burger” o “hamburguesa”, que quedarían prohibidas para cualquier producto que no contenga carne animal. Y la medida no se limita ahí: el veto alcanzaría también a los productos cultivados en laboratorio.
Desde UNIVEGAN denunciamos que este es exactamente el tipo de prohibición arbitraria de nomenclatura contra el que llevamos años advirtiendo en el Parlamento Europeo. No solo carece de lógica comercial y es anacrónica, sino que sitúa a las empresas europeas en desventaja frente al mercado global.
Los datos desmienten el argumento de la “confusión”
Los hechos son claros. Tal y como recogemos en el Osservatorio VEGANOK y confirman voces independientes, no existe evidencia de que los consumidores se confundan con términos como “hamburguesa” o “salchicha” en su versión vegetal. Rafael Pinto, de la Unión Vegetariana Europea, lo resume así: “No hay datos que respalden la idea de que los consumidores se sientan confundidos por las alternativas vegetales”.
Un estudio de la Organización Europea de Consumidores en 2020 ya mostraba que el 80% de la población consideraba legítimo el uso de esas denominaciones. Y en 2023, la encuesta Smart Protein reveló que solo el 9% de los ciudadanos de nueve Estados miembros no identificaba correctamente las alternativas a la carne.
La verdad es que esta propuesta va en contra de los derechos de los consumidores y los intereses de los cientos de empresas que también representa UNIVEGAN.

Una lucha que conocemos bien
No es la primera vez que nos enfrentamos a restricciones irracionales. En Italia ya hemos sufrido los efectos de prohibiciones similares, como en el caso de la denominación de “leche vegetal”. Los consumidores merecen nombres claros y directos, no circunloquios incomprensibles.
Nuestro foco está hoy en los quesos y las carnes vegetales —hamburguesas, salchichas, filetes o albóndigas—, elaborados con ingredientes 100% vegetales y con la excelencia que distingue a las empresas certificadas VEGANOK.
Un retroceso que contradice a la propia Europa
El absurdo de la propuesta se hace evidente si recordamos que el año pasado el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó que ningún Estado miembro podía prohibir a las empresas utilizar esos términos en el etiquetado de productos veganos. La normativa actual ya protege suficientemente al consumidor frente a engaños.
Además, esta medida va en contra de los propios objetivos de la UE. Hace apenas una semana, el Consejo Consultivo de las Academias Científicas Europeas (EASAC) instaba a los legisladores a fomentar las alternativas a la carne por razones de clima, salud y seguridad alimentaria.
¿Quién gana realmente?
La respuesta es evidente: la industria cárnica. Una docena de Estados miembros han presionado en esta dirección, en nombre de un supuesto “fortalecimiento de los agricultores en la cadena alimentaria”.
Ivo Rzegotta, del Good Food Institute Europe, lo advierte con claridad: “Intervenciones arbitrarias en el etiquetado, como las que se discuten en Europa, dificultarán a los consumidores orientarse en el mercado y perjudicarán también a las empresas nacionales”.
Las acciones de UNIVEGAN
No nos limitamos a denunciar. Desde UNIVEGAN trabajamos en Bruselas, a través de SAFE, para defender los intereses de nuestras empresas certificadas y de los consumidores europeos.
Nuestras medidas inmediatas incluyen:
- Movilizar a las empresas VEGANOK para hacer oír la voz de la industria italiana en el Parlamento Europeo.
- Presentar datos científicos y argumentos técnicos que desmontan la narrativa oficial del veto.
- Ejercer presión mediante nuestra red de contactos consolidada en Bruselas.
- Informar con rigor desde el Osservatorio VEGANOK.
Lo que está en juego
Esta no es una mera cuestión de etiquetas. La decisión afecta directamente a:
La innovación europea: Europa es el mayor mercado del mundo de productos vegetales; este veto podría poner en riesgo su liderazgo.
Los agricultores: lejos de protegerles, penalizaría a quienes producen guisantes, soja u otras materias primas para la industria plant-based.
La transparencia para los consumidores: obligar a utilizar nombres artificiales solo generará confusión.
El futuro sostenible: contradice los compromisos de la UE para diversificar fuentes de proteína y reforzar la producción vegetal.
Un Parlamento más conservador
La composición actual del Parlamento Europeo, más inclinada hacia la derecha, podría revertir la decisión de 2020, cuando una propuesta similar fue rechazada.
Una batalla abierta
La partida, sin embargo, está lejos de decidirse. El texto deberá someterse a votación en el pleno del Parlamento en octubre y, de ser aprobado, pasará al trílogo entre Comisión, Consejo y Parlamento. Otras comisiones parlamentarias —mercado interior, protección de los consumidores, medio ambiente, salud pública, industria y energía— todavía pueden bloquearlo.

Un llamamiento a la razón: en palabras de Sauro Martella, fundador de VEGANOK:
Esta propuesta encarna todo lo que está mal en la política alimentaria europea: privilegia a los lobbies frente a los consumidores, ignora la ciencia en favor del proteccionismo y frena el progreso hacia un sistema más sostenible. Los ciudadanos no están confundidos con las hamburguesas vegetales: están encantados de poder elegirlas. Europa puede liderar la transición alimentaria mundial. Sería un error histórico renunciar a ello para proteger una industria del pasado en detrimento del futuro del planeta.»
La batalla por el futuro de la alimentación en Europa no ha hecho más que empezar. Y perderla no es una opción.