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Mallorca, fondos de la UE para una granja ilegal: 135.000 gallinas en condiciones extremas

Una investigación publicada por Food For Profit y realizada por la asociación ARDE revela la situación dentro de la mayor granja industrial de huevos de la isla. Imágenes impactantes y acusaciones de fraude, mientras la instalación sigue funcionando a pesar de las sanciones

Un mar de plumas, polvo y telarañas; cuerpos en descomposición, larvas, ratas e incluso un erizo. Esta es la realidad oculta tras la mayor granja intensiva de huevos ponedoras de Mallorca, hoy en el centro de una nueva investigación publicada por Food For Profit, gracias a las imágenes grabadas de forma encubierta por la organización española ARDE.

Difundidas el 29 de mayo, las imágenes muestran las condiciones extremas en las que sobreviven más de 135.000 gallinas en una instalación que —aunque suministra huevos a hoteles y supermercados de toda la isla— nunca ha obtenido la autorización ambiental necesaria para operar legalmente. Aun así, ha recibido más de 380.000 euros en fondos públicos procedentes de la Unión Europea.

sufrimiento gallinas Mallorca

“Bienestar animal”, solo sobre el papel

Activa desde 2017, esta granja de huevos de Mallorca presume de contar con una certificación catalana de “bienestar animal”, pero las pruebas recogidas por ARDE narran una historia muy distinta: gallinas hacinadas en naves sucias y sin ventilación adecuada, conviviendo con decenas de cadáveres en avanzado estado de descomposición, algunos incluso parcialmente devorados. En algunos espacios, se encontraron contenedores llenos de restos infestados de larvas junto a animales todavía vivos. Un riesgo sanitario grave, que no solo compromete el bienestar animal, sino también la salud pública.

Mallorca granja de huevos

El fraude de los huevos “de gallinas camperas”

Más allá de las terribles condiciones en las que viven los animales, ARDE ha denunciado a la granja por fraude al consumidor. Según la organización, los huevos se venden como procedentes de “gallinas criadas al aire libre”, cuando en realidad los animales no han tenido acceso al exterior ni siquiera durante seis días consecutivos, como exige la normativa europea para poder usar ese etiquetado. Una infracción clara y directa.

Impacto ambiental en la comunidad

Otro aspecto clave de esta historia es el impacto ambiental y social. A pocos metros de la granja se extiende un estercolero al aire libre de más de 5.000 metros cuadrados, fuente diaria de molestias para los residentes. Desde hace años, se acumulan denuncias por olores insoportables, plagas de moscas y problemas de salud como migrañas, vómitos y enfermedades respiratorias.

«Quienes toman decisiones en Bruselas deben saber qué están financiando cada vez que aprueban estos fondos, especialmente cuando se destinan a granjas intensivas donde los animales viven en condiciones críticas y que además operan de forma ilegal«, afirma la periodista Giulia Innocenzi. «Los recursos de la Unión Europea deberían apoyar la transición ecológica, no perpetuar modelos productivos que atentan contra el bien común.»

La investigación reabre así una cuestión esencial: ¿a quién benefician realmente los fondos públicos destinados al sector agrícola? Y sobre todo, ¿con qué criterios se reparten?

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